divendres, 16 de març del 2007

A jodiendas con la vida

A veces me jode mucho la gente, muchísimo. No sé el porqué, a menudo gente que no conozco demasiado, cosa que me sorprende. Porque mira que se tiene que ser toca pelotas para joder cuando no sabes que estas jodiendo. Y esos a veces son los que joden más. Hay cierta gente con la que hay una química especial, una conexión sobrenatural que lleva a que cada comentario que salga de su boca te caiga encima como un montón de estiércol aún fresco. Hay gente así. Hay gente que nació para abrir la boca y cagarla. Supongo que no pueden evitarlo, a mi me gusta pensar que son así de gafes. Porque se tiene que ser gafe para cagarla tanto y tantas veces, que si intento buscar otra definición, pues ya me voy al extremo de las jodiendas, los puteos y las tocadas de pelotas. Y en el fondo prefiero pensar bien de las personas y creer que no lo hacen queriendo (que algunos lo hacen, si, pero mejor no pensar en ello). Y que se tiene que tener para ser un jodedor oficial de tal calibre, me pregunto yo entre blasfemia y blasfemia. Pues no sé, pero les sale natural, a los jodíos. Aunque, digo yo, que no les debe pasar con todo el mundo, porque la cara partida en dos tampoco la tienen. Pero no sé que pasa, que a mi la gente, a veces, me jode. Y he pensado, que quizá sea yo el problema. Pero es que la mayoría de la gente no me jode, que el jode siempre es uno. Ese, el que siempre dice algo inconveniente y se queda tan ancho. Que jodío…