dissabte, 31 de març del 2007

Un camino

Hay momentos en la vida que uno debe plantearse su futuro, a solas, sin sus seres amados, sin familia. Un futuro propio. Hay momentos que uno sabe que debe decidir un camino en el que no pueden seguirle, o quedarse atrás con ellos. Hay un futuro ahí esperándonos a que seamos fuertes y nos decidamos, aunque conlleve dejar atrás muchas cosas. Aunque signifique decir adiós. Es difícil seguir ese camino, y no hay cobardía en no hacerlo. Solo una decisión. No hay una solución mejor ni peor, solo un estilo de vida. Es una decisión difícil.

dijous, 29 de març del 2007

Olas

Si digo que la vida es como una montaña rusa, os vais a reír de mí en la cara. Si, lo sé, es muy típico. Pero si lo es va a ser por algo, digo yo. Y si, es típico porque es verdad. Ayer (léase desde hace ya un tiempo) estaba de los nervios, hoy con el sistema inmune algo chungo pero recuperándome en varios sentidos, y mañana creo que voy a estar mejor de mis antiguas dolencias, aunque me temo que van a llegar algunas nuevas. Yo creo que la vida es como una montaña rusa, si, pero como resultado de las ondulaciones de sus múltiples facetas de forma individual. Cada una va a su aire, cada una está en su momento de la curva y la suma de todas ellas es lo que nos trae locos. Es como el efecto sumatorio de ondas, si las ondas están en fase, su amplitud final será su suma, tanto para momentos álgidos como para los más depresivos. Pero si están desfasadas, se interfieren y pueden incluso llegar a desaparecer, como en un equilibrio de energías positivas y negativas. Mis ondas están desfasadas y aún no sé a que me lleva su suma. Por momentos pienso que estoy en la cresta de la ola, y al minuto siguiente me hundo en ella. Supongo que los nervios aún me pueden.

dimecres, 21 de març del 2007

Emily Strange

Un día un amigo me regaló un libro, un libro de dibujos. Pensé que era un regalo raro para mi, típico de él, pero no me lo esperaba. Era un libro negro y rojo, un libro sobre una chica especial, era un libro sobre Emily the Strange...


diumenge, 18 de març del 2007

No va por nadie…

No, no va por nadie. No os odio, lectores. No os lo toméis de forma personal porque no va con vosotros. Este es un lugar dónde simplemente me desahogo y no pretendo ofender, simplemente vomitar ideas y sentimientos. Para esto inicié este blog y no quiero que esa libertad cambie. No dejaré de imprimir aquí lo que siento en un momento dado, pero tampoco quiero que dejéis de visitarme. Repito, no os lo toméis de forma personal.

divendres, 16 de març del 2007

A jodiendas con la vida

A veces me jode mucho la gente, muchísimo. No sé el porqué, a menudo gente que no conozco demasiado, cosa que me sorprende. Porque mira que se tiene que ser toca pelotas para joder cuando no sabes que estas jodiendo. Y esos a veces son los que joden más. Hay cierta gente con la que hay una química especial, una conexión sobrenatural que lleva a que cada comentario que salga de su boca te caiga encima como un montón de estiércol aún fresco. Hay gente así. Hay gente que nació para abrir la boca y cagarla. Supongo que no pueden evitarlo, a mi me gusta pensar que son así de gafes. Porque se tiene que ser gafe para cagarla tanto y tantas veces, que si intento buscar otra definición, pues ya me voy al extremo de las jodiendas, los puteos y las tocadas de pelotas. Y en el fondo prefiero pensar bien de las personas y creer que no lo hacen queriendo (que algunos lo hacen, si, pero mejor no pensar en ello). Y que se tiene que tener para ser un jodedor oficial de tal calibre, me pregunto yo entre blasfemia y blasfemia. Pues no sé, pero les sale natural, a los jodíos. Aunque, digo yo, que no les debe pasar con todo el mundo, porque la cara partida en dos tampoco la tienen. Pero no sé que pasa, que a mi la gente, a veces, me jode. Y he pensado, que quizá sea yo el problema. Pero es que la mayoría de la gente no me jode, que el jode siempre es uno. Ese, el que siempre dice algo inconveniente y se queda tan ancho. Que jodío…

dissabte, 10 de març del 2007

Consumiendo consumaciones

Las atenciones nunca han hecho cola en mi puerta, así que cuando me invitaron a unos arbustos, me sofocaban los nervios. Era un rincón hermoso, un rincón apetecible con un aroma fresco que llegaba desde todas partes. Unos arbustos cerca de la orilla de un pequeño estanque cómo único cobijo. Que agradable sensación. Un lecho de pétalos de flores aromáticas me servia de colchón al que una voz susurrante me invitaba a echarme. Cómo resistirme, todo a mi alrededor me parecía apetitoso para todos mis sentidos. Ese susurro en mi voz continuaba allí y me dejé llevar, simplemente cerré mis ojos y seguí sus indicaciones. Y entonces mil olores llegaron, pude sentir una cálida brisa en mi piel y una ligeramente húmeda voz en mi cuello, causándome un escalofrío que recorrió toda mi espalda. Y así fue como mi cuerpo se empezó a estremecer. Ese fue el principio de la primera consumición entre los arbustos. Muchos se preguntan si consumamos. Si consumar es retozar entre flores, si consumar es temblar sin control, sudar por cada poro de la piel, si consumar es que se humedezcan los labios a cada susurro en la oreja… entonces si, se consumó.
Ahora espero volver allí, espero encontrar el camino que me lleve entre los arbustos. Pero me he perdido y de momento no los encuentro. Aunque espero que sea cuestión de tiempo.

dijous, 1 de març del 2007

Viaje al centro de mi cuerpo

Deambulo por tus lacustres vísceras, paseo entre pliegues que rezuman jugos de olores dulzones. Si quiero, puedo nadar entre cúmulos de grasa o utilizarla como un trampolín para desplazarme hacía otro lugar curioso de tu cuerpo.
Soy curioso y no me importa fisgar. No puedes ocultarme nada, ni el menor tumor. Y aunque lo sabes, lo intentas. Supongo que atemoriza exponer abiertamente tus defectos, pero no son culpa tuya, son inherentes a ti. Y a mi, pero esos no los conocerás. Ahora es mi tiempo para fisgar, el tuyo ya llegará. Me toca conocerte a fondo, muy a fondo.
¿Por qué lloras? ¿Qué he pisado? Lo siento... aunque te mereces, ya que hurgo en tus entrañas, que al menos sea sincero. Y no, no lo siento. Ni siquiera sé que he hecho. Todo esto empieza a ser complicado. Creo que prefiero visitar mas abajo. Lejos de ese cerebro blanducho que tienes bajo ese cráneo demasiado duro.
Eh aquí tus instintos más profundos, los que pretendes controlar cada vez que me ves, intentando parecer más racional de lo que realmente es nadie, olvidando oportunamente nuestro origen animal. Déjate llevar, vamos, ahora que estoy aquí... Te prometo que mañana te respetaré. O no. Que importa. Me haces reír, sabes que caerás pero te resistes, que ridículo intento consciente cuando todo tu subconsciente está acumulando ríos de sangre para una explosión de orgásmicos escalofríos. De acuerdo, aunque goteas excitación respetaré a tu orgullo y dejaré que ganes. Tengo tiempo de atacar mas tarde.
Ahora prefiero dejarme llevar por la corriente, sentir sus palpitaciones intensas e incansables. A veces tristes, tranquilas más tarde, “in crescendo” para terminar en un tumulto de risas. Y caer en picado de nuevo. Siempre cambiando, arriba y abajo, como si intentaras marearme. Te aviso, no lo estás consiguiendo. Al contrario, me atrae tanta expectación a lo que vendrá aunque ello signifique encontrarme a veces de cara con la dureza de tus huesos. Me estoy enganchando al sonar de este latido.
¿Qué piensas? Vale, supongo que bajo ese cráneo no tan duro como parece hay un cerebro menos gelatinoso de lo que pensaba. Más bien una tersa mollera de agradables pensamientos por ahora. Nunca antes los sentí tan cercanos. No hace falta que te escondas... Aunque no se porqué te hablo, tú solo escuchas cuando quieres. Y por desgracia no quieres muy a menudo. En mi contra diré que no he sabido ganármelo. Ya sabes que no te entiendo. Estoy aquí, en el centro de tu ser y ni aún así no logro comprenderlo. Y tú decides castigarme por mi torpeza. De acuerdo, muy bien. ¿Notas ese zumbido en la sien? Soy yo, estoy apretando... ¿Querías ignorarme? No puedes, pero no hay que temer, Dios aprieta pero no ahoga. Y yo menos, solo jugueteo un poco entre nervios y venas.
Ya no me sienta bien este juego del escondite, nunca encuentro lo que busco aunque no sepa lo que es. ¿Qué ves por esos ojos que me observan? Realmente diferente, tu mundo como tú lo ves no se parece en nada al mío. Tu verde es mi azul, el agua se me antoja a mí mucho más vulgar. Mi vulgar día es tu día de sol. Se va ensanchando ese iris en el que acecha una pupila cada vez más pequeña, de la que destella un resplandor de pesimismo selectivo.
Hueles al vapor de tu mismo perfume. Picante, con una pizca de limón. Voy corriendo hasta tu lengua, evidentemente húmeda. Puedo notar esas ideas haciendo cola para salir. Pero enfrente, unos labios entre carnosos y rabiosos no se abren. No se fían.
Retumba en la boca lo que escuchas, cotilla. Hay un montón de sonidos penetrantes de frecuencia variable. Cierro tus ojos para no escuchar y acaricio la piel del final de tu espalda. Puedo hacer que te retuerzas de placer simplemente así. Consigo hacerte sonreír, tus labios se separan pero ahora no hay nadie haciendo cola. No es el momento.
¿Que pasa? ¡Ahora porqué te enfadas! Siempre igual. En el último momento, cuando ya me estoy acercando, me rechazas incomprensiblemente. Hazte un favor, deja que me quede...
¿Consigo hacerte dudar? No, ya veo que no. Ya has tomado tú decisión... Me escupes.