Agosto
Agosto es soledad. Vacío. Agosto recuerda con todo su peso el aislamiento emocional y físico que parezco sufrir sólo yo. Nadie en la calle, nadie en ninguna parte, nadie en casa. Nadie. Incluso aquellos sonidos propios de la ciudad parecen haber ido de vacaciones. Las almas han desaparecido, el sol parece habérselas llevado. Una abducción a la que soy inmune. No hay nadie al otro lado del teléfono, no existe la mesa de al lado, no hay ruidos de vecinos. No hay con quien hablar. El tan preciado regalo de una pequeña porción de tiempo para nosotros mismos que a menudo anhelamos se convierte en agosto en un sufrimiento eterno y silencioso. Algo de lo que escapar, pero no hay salida. No hay historias, nada con que entretenerse. Nadie con quien entretenerse. Las vacaciones no tienen sentido. Agosto me consume.