Mira, una tontería
Hable ayer con alguien y pensé. Parece tonto dicho así, pero me gustaría saber cuanta gente puede decir lo mismo.
- Que levanten la mano los que ayer pensaron cómo resultado de una conversación.
Nadie responde.
- Que levante la mano los que ayer pensaron.
Lo que me temía, nadie. Silencio absoluto. Tranquilidad absoluta. Pasividad absoluta. Ni siquiera nadie reacciona ante tan alarmante realidad. Parece tonto declararlo así, especialmente, pero en realidad no lo es. Pues yo ayer pensé. Y lo hice porque hablé con alguien.
Una vez aclarada esta primera conjunción de hechos que me llevan a mi pequeña historia, me dispongo a relatar sus consecuencias sin menciones personales ni implicaciones directas. No me interesa en este preciso instante explicaros ni dónde, ni porqué, ni con quien me hallaba. A nadie le importa y ni tan siquiera me resulta interesante. Pero me pareció curioso darme cuenta de repente de algo en realidad estúpido. No estúpido por el hecho de la estupidez que emana sino por lo evidente de la realidad que representa. Lo que me alertó es ser consciente de la inocencia y simplicidad humana al pensar, aún sabiendo positivamente que no es así, que todo va a permanecer igual para siempre. Estúpido, no?
Uno planea en función de hoy. Hoy (léase en estos últimos tiempos sea cual sea la unidad temporal) todo es fantástico. Así pues, inferimos que mañana, el año que viene, o dentro de un espacio temporal indeterminado, vamos a continuar así. Por lo que no prevemos situaciones adversas que nos encuentran en el momento más inesperado con el subsecuente sobresalto, depresión o infarto. De la misma manera, si hoy todo va mal, mañana también será así, por lo que no esperamos hallar solución a una desgracia aparentemente eterna que nos empuja, dependiendo del grado de depresión, a situaciones más o menos lastimosas o, a lo sumo, al suicidio.
El motivo por el que me resulta curioso darme cuenta es mi insistente necesidad de ser realista. Aunque el realismo puede llegar a ser un asco, sobretodo cuando todo va mal. Porque aunque toda progresión puede cambiar su tendencia, nadie puede concretar cuando va a producirse tal cambio. Por lo que ser consciente que una situación anormalmente feliz puede invertirse mañana o la peor de nuestras épocas puede prolongarse de forma indefinida, puede llevarnos a una preocupación innecesaria, de dimensiones alarmantes y de consecuencias inesperadas. Así pues, lo mejor es no pensar en ello, aunque manteniendo siempre los pies en el suelo y la seguridad que todo puede cambiar en cualquier momento en la consciencia. Y una vez asumido esto, solo cabe disfrutar o dejar pasar el tiempo, según el momento.
En este mismo instante, solo me falta decir que me dispongo a disfrutarlo. Y que dure.