Mejor así
Aquel era un día lleno de controversias. Era un día claro y soleado, pero en ningún caso caluroso. Era un día con miles de gotas de humedad flotando en el aerosol, pero no hacía bochorno. Aquel era un día para encontrarse con el amor y dejarlo para más tarde, para ver de frente a la muerte y largarle un “hasta luego” fantoche. Era un día maravilloso, parecía que un ángel hubiera decidido dedicármelo y lo hubiese planeado todo a mi imagen y semejanza. Era tan fácil sentirse cómodo en ese día. Todas las respuestas eran, a priori, engañosas y por ello, sinceras. Tan seguro estaba uno ese día de que lo habían engañado, que automáticamente conocía la verdad más oculta. La oposición a lo que, a primera vista, parecía estar ocurriendo. Por eso, cuando vi cómo me miraban sus ojos y no me hablaban sus labios, entendí perfectamente cómo le atraía mi presencia y me rechazaba su cuerpo. Así mismo, sonreí y disfruté de una comodidad irreal, a la que me aferré sin hacer ningún paso. Las cosas estaban bien así. Sin llevarse a cabo.