Pienso, luego...
Aunque en ese momento pensaba que no estaba mal, las palabras se agolpaban en un punto del que, muy a su pesar, no podían salir. Incluso después de pensarlo un buen rato, no tenía demasiado sentido, pues tantas cosas por decir no pueden quedarse ahí para siempre. No puede ser bueno. O eso creyó él, que instantes más tarde intentó forzar una escapatoria, aunque no lo consiguió. Estaba aturdido, desconcertado y, al fin y al cabo, mal, contrariamente a su apreciación inicial. Necesitaba aclararlo todo un poco antes de continuar, solo así podría deshacerse de tan pesada carga. Aunque la solución debería llegar rápidamente pues, como dijo el rey (it’s now or never), todo lo decible tiene un momento y lugar dónde ser dicho, y en este caso había mucho que decir. Por qué, entonces, con tanto por ser contado y tan poco tiempo para hacerlo, habían decidido sus estimados pensamientos junto con sus hermosas palabras maquinar contra uno mismo en un motín sin precedentes. -¡Indecentes! ¡Desagradecidos!- pensó en sus adentros. Pues él los había desarrollado, y a él debían su existencia. Una existencia efímera, pues el sonido se lo lleva el viento y todo se olvida una vez escuchado. Pero permanece en un mudo atormentado incapaz de decir a nadie lo que está pensando.